DE LA DISCRIMINADA Y NINGUNEADA PALABRA ETCÉTERA Debido a que la lengua es un producto cultural no está exenta de distintos tipos de discriminación. Están las palabras que esconden cierto racismo velado, como cuando a alguien de tez negra le dicen “negrito”, en vez de “negro”, o “gordita” a una persona obesa, lo cual denota que el hablante considera que ser negro o gordo es un rasgo negativo y lo intenta atenuar con un eufemismo, que en realidad refuerza el racismo y discriminación social con los cuales vivimos. También existen palabras que ya de por sí son discriminatorias, como noveleta, fea en sí misma y que da a entender que el texto es más grande que un cuento pero no llega a novela. Es la “ya merito” de la narrativa. Existen casos de locuciones eufemísticas que ocupamos para no referirnos al término real, como cuando le dicen “trasero” a las nalgas (y las revistas de modas incluso lo ponen en francés “ derrière ” para que “suene más bonito”), o, para no ofender los ...
Hay quienes creen que las palabras son como niños bien portaditos que pueden meterse en esos cajones cuadraditos y bonitos que llamamos definiciones. La realidad es que las palabras son unos monstruitos bastante inquietos. Sin afán doctrinario ni de erudito, éste es un espacio de reflexión en torno a los muy diversos desvaríos que se apelmazan en nuestra lengua: palabras mal definidas, callejones sin salida, o simplemente giros lingüísticos que me parezcan divertidos.