DE LA DISCRIMINADA Y
NINGUNEADA PALABRA ETCÉTERA
Debido a que la
lengua es un producto cultural no está exenta de distintos tipos de
discriminación. Están las palabras que esconden cierto racismo velado, como
cuando a alguien de tez negra le dicen “negrito”, en vez de “negro”, o
“gordita” a una persona obesa, lo cual denota que el hablante considera que ser
negro o gordo es un rasgo negativo y lo intenta atenuar con un eufemismo, que
en realidad refuerza el racismo y discriminación social con los cuales vivimos.
También existen palabras que ya de por sí son discriminatorias, como noveleta,
fea en sí misma y que da a entender que el texto es más grande que un cuento
pero no llega a novela. Es la “ya merito” de la narrativa. Existen casos de
locuciones eufemísticas que ocupamos para no referirnos al término real, como
cuando le dicen “trasero” a las nalgas (y las revistas de modas incluso lo ponen
en francés “derrière” para que “suene
más bonito”), o, para no ofender los castos ojos de los lectores, en vez
escribir las groserías completas colocan asteriscos, signos de gato y demás
parafernalia tecladística, como en &/nche, p***, o simplemente (#$%&.
Sin embargo, no
hay en toda la lengua un vocablo tan ninguneado como la palabra etcétera.
Etcétera es una
locución que viene del latín et caetera
y que significa “y todas las demás cosas”, idea muy bonita cuando se coloca al
final de una enumeración. Empero, en la
actualidad casi nadie la escribe completa. En su lugar, se suele escribir
mediante la abreviación etc. en construcciones más o menos como las siguientes:
1.- Ofrecemos
todo tipo de productos para su empresa: computadoras, interfaces, softwares,
etc.
2.- Me enervan
tus celos, tu impuntualidad, tus mentiras, etc.
3.- Me encantas
por todo lo que eres: hermosa, linda, tierna, dulce, etc.
Esta abreviatura
está dotada de una fealdad ejemplar: consta de una vocal que choca con dos consonantes
cacofónicas, a tal grado que en caso de pronunciarse se prefiere mejor
deletrearse que decirse tal cual está escrita. Pocas locuciones latinas tienen
la suerte de la pobre etcétera. Mientras que en varios casos de latinajos se
acostumbra utilizar las abreviaturas (sobre todo en el sistema de citación en
textos académicos, que usan Ibid, Ibídem, Op. cit., etcétera), en el caso de etcétera su abreviación resulta
injustificada, debido a que es una palabra aceptada por innumerables
diccionarios de la lengua española. Es una palabra del español con todas las de
la ley, así que ¿por qué enviarla al limbo de los demás latinajos? ¿Es que de
verdad genera tanta flojera escribirla completa? ¿Es demasiado pedir que se
coloquen sus ocho letras? ¿Será que dicho ninguneo obedece a que con esa
palabra la gente se refiere a cosas que no le importan o no se acuerdan?
Etcétera es una
palabra mágica. Sirve para salvar al escritor y al hablante cuando ya no saben
qué más escribir o decir, les sirve a los políticos para escamotear la verdad
en sus informes, ahorra enumeraciones interminables de elementos, y por si
fuera poco, escucharla es un deleite porque le añade la musicalidad propia de
las esdrújulas a la oración en curso. Es una injusticia que se la ningunee y se
pase por encima de ella como si no valiera nada, como si no nos importara, como
si fuera un papelillo que se puede arrojar al bote de basura, etcétera,
etcétera, etcétera.

Comentarios
Publicar un comentario